Agricultores de la región de Arica y Parinacota podrán ahorrar agua usando cultivos sin suelo

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A través de sistemas de cultivo sin suelo, usando residuos agrícolas como sustrato, los agricultores podrán ahorrar cerca de un 30% de agua en una zona donde el recurso hídrico es cada vez más escaso.

Consuelo Schwerter Téllez

La región de Arica y Parinacota es responsable del 40% del abastecimiento de hortalizas del país. Sus condiciones climáticas permiten cultivar durante todo el año, pero las consecuencias del cambio climático han tenido efectos directos sobre aspectos claves para la agricultura, como la disponibilidad de agua o la calidad de los suelos.

Como una forma de abordar esta problemática, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Intihuasi, a través de su oficina técnica INIA Ururi, se encuentra implementando el proyecto “Cultivo sustentable de hortalizas utilizando sustratos locales para los valles costeros y precordillera de la región de Arica y Parinacota”. El objetivo es validar sistemas de cultivos hortícolas que sean eficientes en el uso del agua, usando sustratos como suelo.

Marjorie Allende, ingeniera agrónoma y encargada de la Oficina Técnica Ururi, explica que el proyecto, que comenzó en julio de 2022, se basa en la economía circular, ya que reutiliza rastrojos agrícolas provenientes de los cultivos de los propios agricultores. “Generalmente no se le hace un tratamiento a los rastrojos y se queman. La idea es que pasen por un proceso de compostaje, en el que participan bacterias y hongos, para que queden inocuos y se puedan ocupar como sustrato”.

VALIDACIÓN DE LOS SUSTRATOS

El proyecto consiste en la validación de tres sustratos; fibra de coco, un compost elaborado por los propios agricultores y Gromor, un compost comercial, en cuatro módulos experimentales. Dos de ellos ya se encuentran funcionando desde hace un mes, un tercero está en proceso de implementación y el último lo trabajarán con estudiantes del Liceo Agrícola del Valle de Lluta, por lo que comenzará en marzo debido a las vacaciones de verano.

Pequeños productores preparan compost acompañados de personal de INIA. Foto: INIA Ururi.

En los módulos ya implementados están trabajando con frutillas, cultivo que ha aumentado su superficie en la región y que también esperan tenerr en la unidad demostrativa que se encuentra en proceso. En cuanto al módulo que instalarán en el liceo agrícola, los estudiantes pidieron innovar y experimentar con tomate cherry. Los investigadores también han hecho pequeñas pruebas con sandía baby y melones en sustrato, obteniendo buenos resultados.

Inicialmente, el proyecto se presentó pensando en que los agricultores utilizaran solo rastrojos vegetales como sustrato de cultivo. Fueron los mismos productores quienes solicitaron evaluar otros sustratos para ver el comportamiento de los cultivos en ellos. De esta forma llegaron a los tres que actualmente están estudiando.

Reutilización de rastrojos agrícolas para hacer compost. Foto: INIA Ururi.

“Los tres sustratos se tienen que comparar con suelo, y ahí hacemos un diseño estadístico que es aleatorio y en cada módulo se van montando ensayos estadísticos para ver si alguno de los sustratos tiene diferencias significativas sobre otro”, explica Allende.

INTERCAMBIO DE NUTRIENTES A NIVEL RADICULAR

Al trabajar con sustratos en vez de suelos, es fundamental evaluar aspectos como la granulometría. “En compost es muy importante definir la granulometría del sustrato, porque una granulometría muy pequeña tiene un menor porcentaje de aire, es más apretado y a la planta se le hace más difícil la exploración de raíces”, subraya Allende.

Los sustratos pueden ser inertes, semi inertes o activos, explica Allende. “Si hablamos de compost, por ejemplo, es un sustrato con un alto porcentaje de intercambio catiónico, que tiene relación con el intercambio de nutrientes del sustrato a la planta. Por eso es importante analizar los tres sustratos y determinar qué nutrientes podrían estar disponibles para la planta en cada uno de ellos”.

A diferencia del compost, la fibra de coco es considerada un sustrato inerte, con poco intercambio de nutrientes -aún cuando hay marcas que sí realizan intercambio con la planta- . “Tenemos que evaluar con analítica cuál es la composición de los tres sustratos que estamos trabajando para tener toda la información”, señala la ingeniera agrónoma.

Otro punto clave que deberán analizar, es el pH del sustrato, que también influye en el intercambio de nutrientes. El sustrato comercial que estudiarán, Gromor, tiene un pH más ácido que el pH de los suelos de la región, por lo tanto la disponibilidad de nutrientes será diferente entre los sustratos dependiendo de su pH.

AHORRO DE AGUA EN CULTIVOS SIN SUELO

Al tratarse de cultivos en sustratos, el volumen radicular es mucho menor al que se presenta en suelo. Cuando se habla del aporte hídrico en este tipo de sistemas, el riego se programa para que sea específico para las necesidades de cada contenedor. “Es un sistema que tampoco presenta lixiviación, por lo que se aprovecha toda el agua. Si hacemos un cálculo estimado de la demanda de la planta de acuerdo a su etapa fenológica y el volumen de mojamiento, preliminarmente estaríamos hablando de un ahorro cercano al 30%, pero es algo que debemos evaluar con más tiempo”, explica Allende.

El cultivo en sustrato puede ser cerrado o abierto, dependiendo del sistema de circulación del agua. “En un sistema cerrado se trabaja con riegos y drenaje, el cual vuelve a los estanques y se reincorpora al cultivo. Es muy eficiente en el uso del agua”. En el caso de los módulos, como están trabajando con pequeños agricultores, se debe hacer un programa de acompañamiento previo a la implementación de un sistema cerrado para que puedan interiorizarse con la tecnología. “Antes del sistema cerrado trabajamos con uno abierto, en el que se ‘elimina’ el drenaje. Pero ese mismo drenaje no se pierde porque se va a un cultivo de frutales», agrega la investigadora.

Frutillas cultivadas en sustrato con sistema de riego abierto. Foto: INIA Ururi.

Actualmente la fertilización se hace mediante fertirriego por pulsos. “Como el cultivo en sustrato es de un volumen muy pequeño, se hacen riesgos mucho más frecuentes pero muy cortos. La gente a veces piensa que al hacer más riego se usa más agua, pero son riegos muy breves y eficientes que pueden ser de incluso segundos y se realizan varias veces al día”, explica Allende.

REUTILIZACIÓN DE SUSTRATOS Y PROYECCIONES DE LA INICIATIVA

Una vez que se realiza la cosecha, el sustrato se puede reutilizar, dependiendo del cultivo que albergó. “Cuando son cultivos con raíces muy exploratorias se hace un poco difícil establecer un nuevo cultivo en el mismo contenedor, pero en el caso de la frutilla, eliminamos la planta tras la cosecha y ponemos una nueva”, aclara la investigadora.

Plantación de frutillas en sustrato en módulo demostrativo. Foto: INIA Ururi. 

Allende dice que es clave acercar la tecnología a los pequeños productores a través de programas de extensión para que puedan aprovecharla de mejor manera. “Hay que democratizar estas tecnologías que a veces son pensadas como grandes tecnologías de mucho nivel técnico, pero es posible acercarlas a los agricultores a través de programas de acompañamiento”.

Una vez finalizado el proyecto, previsto para enero de 2024, desde el INIA esperan obtener información detallada del funcionamiento del sistema en los tres sustratos. “Temas como la granulometría o el ahorro de agua nos pueden dar información rica que nos sirve para posibles segundas fases y llegar con problemas resueltos a los agricultores”. Además, consideran que estableciendo las necesidades específicas de los cultivos en cuanto a riego y fertilización, es posible extrapolar el proyecto a otras regiones y cultivos del país.

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